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18 abril, 2007

Kurt Vonnegut se escapó

Alguna vez mató a un personaje en un capítulo y en el siguiente el personaje aparecía hablando y modificando la trama. No era ciencia ficción ni resucitación formal. En todo caso, creación pura. Kurt Vonnegut (1922-2007) supo borrar las fronteras de la ficción con cruces que también obliteraban cualquier trazo preceptista: antropología, ciencia, historia, periodismo, literatura y lo que fuera. Los dogmas eran olímpicamente centrifugados en el laboratorio de escritura. Tanto, que algunos de sus textos parecen el producto de un ensamblaje desprolijo. Contaba para la alquimia con un fabuloso aliado: el humor, la burla corrosiva, la ironía consecuente. En uno de sus procesos de depresión -el último que lo llevó a intentar matarse- llegó a admitir que su obra era "superficial". Usó ese término en referencia elíptica a una crítica que empleaba el vocablo para la enmienda. Pero se trataba de una burla: tenía la sabia y entrenada costumbre de reírse de sí mismo. El cronista no lo entendió. Mejor, "superficial" fue palabra usada para referirse a la carambola de su Pasado 7 en Dresden. Matadero 5 lo releva de toda ingenuidad: él había sido uno de los 7 soldados que se salvó del bombardeo aliado en la ciudad. Leí que en una cámara frigorífica. Será, porque las reses del pensamiento van a parar al matadero. Cada tanto volvía a esas escenas absurdas, cada tanto las esquivaba en miligramos. El azar también es chiste y puntería autobiográfica. Claro que "superficial" y sus implicancias suena a palabra simple, ¿cómica?. Cómica. Con frecuencia la utilizan quienes se han adocenado tras las bambalinas de la seriedad para proclamar la literatura desde el pie de página. Por ese mismo descrédito alguno de sus libros fue quemado en ceremonia auditada. Por eso y por obsceno. Tenían razón los que encendieron la hoguera: obsceno es estar fuera de escena, y Vonnegut lo estaba siempre. El episodio parece sacado de Madre noche. ¿Qué tenía de virulento el hombre? Nada. O mucho: la cuota negra de una irreverencia sin límites. Allí donde posaba su pluma, allí quedaban los restos de su humor cáustico, insolente. Son de simples sus libros. Es tan superficial el encierro del mundo, da risa. Hoy su sitio oficial está vacío. Uno puede entrar a la jaula que se ve en http://www.vonnegut.com/ y comprobar que el hombre ha volado. Ha partido hacia las Galápagos quizá, en pos de una cruzada extraña e infantil sin duda, siguiendo los pasos de ese que murió y volvió para dictarnos las 8 reglas de oro de la escritura. Los que hacemos garabatos deberíamos recordarlas, creo.

4 Comments:

Blogger María Dubón said...

"Lo último que quisiera es estar vivo mientras los tres hombres más poderosos de la tierra se llaman Bush, Dick y Colin", escribió Vonnegut, y ha logrado su propósito.

Gracias por tu recuerdo de un hombre inclasificable por su excepcionalidad.

12:40 p.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Gracias a vos, María, por la cita precisa y reciente de Vonnegut. Nos estamos leyendo.

9:55 a.m.  
Blogger Alvaro G. Loayza said...

Un hermoso tributo a un magnífico escritor y su arma o aliado más poderoso, más balsámico, no sé, me perdí, era ¿el humor? ¿la irreverencia? ¿la autoparodia? Creo que tengo las reses del pensamiento algo congeladas y poco talento vonnegutiano para liadiar con ello.
Saludos Gabriel!!!

11:17 a.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Alvaro, saludos desde el llano!. No, no creo que andes con las reses del pensamiento congeladas. Al contrario, te guía Witoldo y por lo que veo muy pero muy bien. Abrazo a las huestes, excelente entrada.

7:54 p.m.  

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