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02 octubre, 2006

Islas

A propósito de Jardín de cemento, de Ian McEwan



Una isla estaba esperando a Robinson Crusoe para permitirle el pacto de la sobrevivencia. Parece claro que ella lo encontró a él. En el principio, la soledad del personaje gobierna cada uno de sus actos. Hasta que la isla náufraga es restituida por Crusoe debido a un montón de recursos: el territorio se torna habitable. William Golding hace otro tanto en El señor de las moscas, sólo que el número de personajes que reciben al pedazo de tierra en medio del mar ahora ha crecido: son varios. Y son jóvenes. No es que las islas tengan hélice, como la de Verne, es que el mundo se ha ido poblando. Las islas náufragas no se multiplican tanto como los hombres. Es una percepción extraordinaria: siendo idéntico, el mundo parece achicarse. Cada vez menos hay que salir: la aventura está adentro de nosotros mismos. En el Jardín de cemento, de Ian McEwan, el mundo ya es un suburbio, y las islas son tan inmóviles y limitadas que ocupan un pequeño espacio de tierra en el fondo de la casa. Cementarlas parece casi obligado.
El texto completo acá

7 Comments:

Blogger Andrea González-Villablanca said...

Tal vez por eso gran parte de la liberación consista en dejar de crear míticos modelos de excelencia. Desde hace años y por bendita Divinidad, ya no creo en la excelencia. Nos ha hecho más quebranto que beneficio.

Nos aleja de nuestra verdad que, a los ojos de lo Divino, sea la que sea, sea como sea, es bella y digna. A los ojos del Fantasma, es decir de nuestro ego ENMASCARADO puede ser segregada como insignificante, áspera y muchos adjetivos más ...

saludos
ANDREA

9:01 p. m.  
Blogger Francisco Ortiz said...

Somos islas y vivimos en islas, reducimos nuestro mundo a pequeñas islas, nuestros conocimientos a islitas, nuestros deseos y sueños a minúsculas islas. Tremendo mundo, terrorífico mundo.

8:02 a. m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Andrea, la palabra "excelencia" es, sin duda, síntoma del "progreso" semántico de nuestro tiempo, consistente las más de las veces en no decir nada de la mejor manera posible. Coincido. Y gracias, paso por allá.

Sí, Francisco, y en el delta de la incomunicación hacemos señales mudas. Un abrazo. Te estoy leyendo.

9:44 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Tal vez por eso degusté siempre la desgarradora poesía de Arthur Rimbaud o Baudelaire.
Hoy día salvo honrosas excepciones, como la suya, el resto es literatura en-mascara-da: a algunos les quedan islas, a otros nos tocó en dote la Soledad.

7:25 p. m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Tampoco yo, Johnymepeino. Pero la Soledad en dote no está nada mal, depende. Te mando abrazo simbolista.

9:37 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

no estaría de más darle un repaso al eternauta.

3:56 p. m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

No estaría nada de más, e vero.

7:34 a. m.  

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