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02 octubre, 2006

Un Houdini del corazón

Una magra versión fílmica y dos biografías recientes han coincidido en su interés histórico por rescatar la personalidad de Giacomo Casanova. Cada tanto, este contradictorio y fascinante personaje veneciano atrae la atención generacional de públicos y lectores de toda condición. Pero la leyenda del libertino, del amante a tiempo completo, a veces condiciona y empaña la verdadera identidad del intelectual. A los 11 años tradujo un pentámetro latino y a los 15 escribió un par de tesis sobre derecho canónico y civil. El favorito de Luis XV y de su amante, la marquesa de Pompadour, también elaboró un ensayo sobre la violencia política, entre otros libros.

Acaso la confusión se deba a que Giovanni Giacomo Girolamo Casanova (Venecia, 1725-Dux, 1798), fue un exquisito precursor en eso de construir el marketing de su propia imagen. Y lo construyó póstumamente a través de sus Memorias, escritas entre 1790 y 1798, en el castillo del conde Waldstein, en Dux, Bohemia (hoy República Checa), donde se recluyó para trabajar hasta su muerte como bibliotecario del noble. Después de tantos combates amatorios, llegaba el reposo para el guerrero. Y merecido. Pero es curioso: ni la racionalidad de nuestro contemporáneo W.G. Sebald, escritor y viajero también, logró escapar al embrujo de este arquetipo de la seducción. En Austerlitz, lo retrata así: "En mis sueños vi al envejecido roué, reducido al tamaño de un muchacho, rodeado de las hileras de oro de la biblioteca, escribiendo sus memorias, numerosos tratados matemáticos y esotéricos y la novela futurista Icosameron, totalmente solo, en una desolada tarde de noviembre. Había dejado a un lado la peluca empolvada, y su propio cabello ralo, como un signo de la caducidad de su cuerpo, flotaba como una nubecita blanca en torno a su cabeza". Texto completo acá

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Nunca entendi las diferencias entre casanova y don juan, pero a lo mejor son las que decis,

Griselda

2:14 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Gabriel: Me parece injusta tu valoración de Don Juan. Don Juan no es triste. Los tristes ignoran o esperan: él sabe y no espera, conoce sus límites y es ahí donde se instala. No es inmoral, postula, como todos, su propia moral como ética. Tampoco es egoista, o, como dice Camus, es menos egoísta que aquellos que rinden culto a un Amor como don total -al otro- y que en el olvido de su propia persona, tal vez, se enriquecen, pero empobrecen al objeto de su amor.
Sabe que el amor más generoso es el que se acepta al mismo tiempo pasajero y singular. ¡Qué largo me lo fiaís!, responde el personaje de Tirso de Molina cuando lo amenazan con el infierno,o sea que sabe además que acá las paga. Casanova, en cambio,se autoconcede una eternidad para ello. Casanova es menos literario y menos absurdo: un victoriano.

10:10 a.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Es injusta mi valoración, cierto. Pero es porque a Casanova lo puedo fechar. Don Juan en cambio se me diluye en las vulgatas, se me torna literario en un sentido cierto: enriquecido, sobrevalorado, traicionado. Mucho de oral le atribuyo a su versión y mucho más arquetípico. ¿Pero yo dije que fuera inmoral? No creo, en todo caso, si se deslizó, ha sido por tara inducida. Pero claro que Casanova ha sido menos literario, y a mí, a estas alturas, eso me concede una sola virtud: leer con más intriga sus procedimientos. Por eso le intuyo modernidad. ¿Prejuicio de lector? Quizá. Gracias por tu valioso aporte, mejor que el mío.

10:55 p.m.  

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