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15 julio, 2007

Viudas

En Originales de "peso" en Finca Vigía anotaba que la sobrevaloración desmedida a un autor puede dar cabida a actitudes absurdas, delirantes incluso. Luego recordé que ciertas formas de la idolatría exceden esas actitudes y se transforman en otra cosa. Aunque la regla generacional dicte que son los jóvenes quienes más y mejor asumen la tarea de fanatizarse detrás de una idea, una persona o una creencia, no siempre son tan jóvenes los fans. Para nada. En los dominios de la Literatura con mayúsculas se da el curioso caso de los fans de escritores que adoptan la condición de tal una vez que la fuente de sus auspicios ha desaparecido físicamente. Tienen un nombre: viudas. Pero representan la viudez intelectual de ese nombre no tanto por la admiración -quien más quien menos admira como lector a algún escritor-, sino por su activismo militante. A algunos les sonará despectivo el apodo, a mí me inspira ternura. Aunque jamás se asumen como tales, las viudas forman clubes unánimes y hacen de la obra del finado una causa eficiente, primero para mantener despierta la llama del venerado, luego -quizá- para la redención de sus propias existencias. Hay algo de abnegado en todas ellas, tanto por la fidelidad incondicional como por la entrega, pues convierten al elegido en la razón última de sus íntimos desvelos. Entre la mitificación y el fetichismo patrimonial, es cierto que a veces pasan a ocupar zonas que en vida acaso no ocupó el escritor idolatrado, ¿pero no es ese el precio de toda resignificación verdadera? Más que un canon funerario, la rotundidad de la presencia de las viudas restituye la palabra de aquellos que ya no están y la transforma en materia sensible, relectura para las futuras generaciones. Es en este sentido que son enternecedoras. Ex libris, uno de los clubes más notorios y entrañables de viudas en nuestro país es el dedicado a Manuel Puig, con miembros académicos que purgan las culpas generacionales de un autor que, en vida, fue despreciado y ninguneado por la intelectualidad. Las viudas culposas de Puig llevan algo así como una marca en el orillo o, para ser precisos, una nota a pie de página. Su tarea redentora, lo que es loable, consiste en revisionarlo tanto teórica como críticamente, a la luz de cuanto registro se pueda coloquializar. Y tan lejos han llegado en sus desvelos que hasta en el propio terruño natal del escritor -General Villegas, provincia de Bs.As.-, alguna vez han participado de una puesta en escena pop de las ficciones del Toto, recreando personajes y celebrando pesebres vivientes con su rezago novelístico. Ingenua y pasional, la actitud de entrega de estas viudas por supuesto emociona. Otro club meritorio y más reciente es el constituido detrás de Bolaño, con conspicuos adherentes que pagan el precio del buen salvaje en el exilio a merced del frío sin estufa y de su proteica actitud creadora. Los deudos dilectos de Bolaño se iluminan en el candil de una creatividad irredenta, siempre activa, susceptible de innúmeras lecturas. Cada día descubren una nueva versión en ráfagas de su talento. La muerte joven de Bolaño es inspiradora y los descendientes condales y no condales de Bolaño inspiran aun más, reactualizándolo con rigor y lucidez. El culto admirativo se nutre en la mitificación de otros nombres, sin duda valiosos. Uno de los clubes de viudas más sofisticados es el que desarrolló Gombrowicz hace ya algunos años, con adherentes que tanto podían provenir del marxismo estructuralista como del psicoanálisis de asociación. El inmoderado reaccionarismo del polaco jamás desanimó a sus adeptos para reintepretarlo; la forma se degrada, el lenguaje se renueva. Tomado al pie de la letra, Gombrowicz fue reciclado formalmente de sus cenizas inmaduras. Hoy por hoy, salvo honrosas y alguna que otra verborreica y patética excepción, su club ha mermado. Lo que es una pena. Roberto Arlt también ha tenido y tiene sus viudas lúmpenes, todas con acceso a diferentes cátedras. Algunas, muy fervientes, lo redireccionan en seminarios de fuerte contenido social. ¿Nadie ha visto la cabeza de Arlt en alguno de los locker de una universidad yanqui? Seguro que sí, pero es espejismo en gouache teórica. Con Borges, amadísimo vivomuerto de la patria intangible del enroque literario, ha ocurrido algo curioso, sin duda laberíntico: no ha generado clubes de viudas (salvo la Kodama, su jurídica viuda verdadera y por lo mismo odiada) pero sí una infatigable legión de epígonos en todas las latitudes. Más dispersos que en clanes, los hijos en azogue del gentilicio Georgy han demostrado una escasa capacidad para el parricidio intelectual -Pater inalcanzable-, lo que los inhibe para el reclamo de la herencia. Las viudas lampiñas de Cortázar, en cambio, son de otra costilla: jamás han establecido núcleos permanentes; errátiles y volátiles, jóvenes y lúdicas, más bien se han diseminado en cofradías literarias llenas de encanto y belleza; tardías dilettantes de las rayuelas verbales de los sesenta, el cronopio lábil de su fervor las enaltece. Estas nobles viudas cortazarianas, pese al cruce de juventud eterna, sin embargo están envejeciendo ellas también. Es nostalgia todo lo que va al paraíso. Hay más núcleos de viudas, cada uno de ellos ponderable a su manera. Pienso ahora en Pizarnik y en sus huestes líricas de tiempo completo, también en Bioy y en sus amantes viudas verdaderas. Lo cierto que entre afinidades y demandas sucesorias finalmente hay que admitir que la literatura no tiene un carácter transitivo. Y si lo tiene, es tanto angustia como placer de pertenencia. Al fin y al cabo, de allí nace la serena convicción de su altruismo incondicional. Hasta que la muerte, dulce matrimonio del cielo y el infierno, los reencuentre.

12 Comments:

Blogger Francisco Ortiz said...

Dejo mi sombrero a la puerta de tu casa, amigo: metáfora que ha de servir para mostrarme mi admiración total y rendida por este texto ejemplar, magistral. (Con tu permiso, lo enlazo). Un abrazo.

4:36 p.m.  
Anonymous Mónica said...

¿ES UNA BURLA? YO SOY FANATICA DE IRVING. Y NO CRIO OSOS.

1:53 p.m.  
Anonymous Admiradora 2 said...

Aprovecho esta excelente nota para dar a conocer el C.A.BÁÑEZ, que viene trabajando desde hace unos años, unos cuantos en verdad, aunque conservando el perfil bajo que nos ha inculcado nuestro venerado. Actualmente estamos trabajando en el merchandising para presentar en el próximo Congreso de Literatura Argentina. Si alguien desea pertenecer al club, hágalo saber.

Vicepresidente
Ad Honorem

2:44 p.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Francisco, querido amigo, gracias por el enlace y por las palabras. Me quedo con el ala ancha de tu sombrero, volcada en policial negro. Un abrazo y la invariable amistad.

Mónica: no es burla. Creo que todos somos viudas. Y no críes osos que te sacarán Cutini.

2: che, no me boludeen, primero llenen las fichas de afiliación.

3:17 p.m.  
Blogger Andrea said...

"convierten al elegido en la razón última de sus íntimos desvelos"

SÍNTOMAS DE LAS VIUDAS???

ABRAZOS

5:24 p.m.  
Anonymous cristino said...

oiga Bañez ¿como hace para dejar tantas viudas y seguir escribiendo?

6:05 p.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Andrea, síntoma seguro. Un abrazo y gracias por la visita.


Cuidando los valores, Cristino. Usted ya lo sabe. Aunque al final, son ellas las que lo dejan a uno primero. Buen abrazo.

6:37 p.m.  
Blogger Grismar said...

Me hiciste dudar ¿podré considerarme viuda (si se me permite la bigamia) de Cortázar y Pizarnik? ¿o sólo admiradora? ¿encontrar siempre alguna cita para dejar aquí y allá será activismo militante? Pero también tengo siempre en la manga alguna de los Redondos o de Mafalda... ¿será que debo asumirme como poliviuda?. Y bueno, como decía Alejandra, "quién dejará de hundir su mano en busca del tributo para la pequeña olvidada". Saludos.

7:27 p.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Sí, y poliviudo yo también por los Redondos, El Eternauta y Fliegauf. El abrazo por esa mirada -compartida- sobre la nieve.

7:01 a.m.  
Blogger Ninoska Mermoud said...

Espero no te incomode otro elogio mio, y es que como ocurre cada vez que leo uno de tus post, se me salen por la manga. (de la blusa por supuesto). Para no repetirme miserablemente, prefiere dejarte un comentario ocasional.

Como Francisco me quito, no el sombrero, pero sí los guantes, para estrecharte con mano franca y laudatoria, todo en señal de viudez muy de la buena.

5:12 p.m.  
Blogger Alvaro G. Loayza said...

Que linda exégesis del concepto "viuda".
Me pregunto cuando durará la causa eficiente de las viudas bolañescas y como tratará el tiempo a un escritor tan monumental como precoz en su obra, como en su vida, como en su muerte; nos quedan algunos años para averiguarlo.
Y ahora esperar de urgencia el surgimiento de las Eulogias, viudas de nuestro tan tristemente ido Negro.
Un fuerte abrazo Gabriel.

10:51 p.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Alvaro, y tan generoso también Bolaño. ¡Cierto lo de las Eulogias! El abrazo.

7:58 a.m.  

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