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19 enero, 2008

Bobby Fischer no tomaba Coca-Cola


Murió en Islandia, whem I'm sixty four, rodeado de años de oscuridad y prejuicio. Para él fueron sin embargo años luminosos: se quedó en la tierra que más amaba, la de la naturaleza abierta, salvaje en buena medida. Bobby Fischer fue un caso extraño. La CIA y el FBI emplearon sus archivos para recordarle sus raíces alemanas por parte de padre, Gherard Fischer, un físico que en 1945 se refugió en Estados Unidos y que muy pronto abandonó a su familia. Seguir leyendo acá.

10 Comments:

Blogger andrés berger said...

Bobby fue un ídolo indiscutido, aunque en la edad en que lo conocí (tenía diez años, y un primo mayor me enseñaba a jugar con un libro de Petrossian) no podía percibir los detalles, menos aún los políticos y psiquiátricos, que conocí bastante tiempo después. Por qué un ajedrecista trascendió el mundo especializado de su deporte mental, y alcanzó las multitudes? Quiza Gabriel lo pueda explicar, yo no. Tenía una figura impactante, era muy alto, o yo lo ví así cuando mi mamá me llevó a ver las simultáneas que jugó en el Hotel Provincial de Mar del Plata. Nos colamos, ya que no teníamos la invitación especial necesaria. Esta artimaña le dio al espectáculo un sabor de hazaña. Alguien consiguió tablas con el maestro, que se desplazaba tan velozmente a los largo de los distintos contrincantes como si hiciera un paseo y un breve reconocimiento de los rivales, con placidez concentrada y relajada al mismo tiempo. Gracias por traernos a esta figura tan atípica y en contradicción con la adaptación corriente al poder.

2:49 p.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Excelente recuerdo y descripción, Andrés. Cierto, era muy alto pero apenas si se encorvaba para reconocer las movidas. Y lo que sí me quedó nítidamente fue la rapidez, como una tromba, con que recorría los tableros. ¿Por qué excedió su campo? Creo que por carisma, por negarse a percibir una suma de 5 millones para enfrentar a Karpov (lo mismo que ganaba Alí en una pelea) o para posar para Coca-Cola. Tenía principios, principios para una época en que los ideales estaban a flor de generaciones. Muy pocos adivinaban que detrás de sus desplantes asomaba asimismo una enfermedad. ¿Recordás la máquina hoy volcada a los softwares? Se decía que él ayudó a diseñarla y que podía ganarle en cualquier nivel. Un enorme maestro ruso lo comparó con Newton y Einstein. Gracias por tu recuerdo y el abrazo de siempre!

5:07 p.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Digo una época y digo a flor de generación, Andrés, porque habría que recordar que eran los sesenta y setenta, momento de cambios y esperanza. En fin, Bobby fue exponente de su tiempo y su correspondencia con la época fue plena, absoluta. También esos años tenían carisma.

5:19 p.m.  
Blogger andrés berger said...

Claro que tenían carisma, leo tu explicación precisa, y cuando aludís a los sesenta y setenta, desfilan como en un carnaval que se aleja, palabras como "cofradía de la flor solar" y otras que se pierden en el limbo platense de esa época. Fischer y Hendrix? Por qué no. Por cierto, cada cual sabrá como hacer para que esos ideales no sean guiños de nostalgia. Un saludo

11:58 p.m.  
Blogger Cinzcéu said...

Algunos de tus posts tienen el mérito de remitirme a nieblas de mi infancia y adolescencia. Fischer, Petrossian, Spasky... nombres de una guerra fría que entonces yo no sabía. Una pena que se haya ido tal genio y/o loco pero todos nos vamos algún día. Y todo mi respeto a quien pone "todo su empeño para salir del lugar que se le había asignado", que siempre es de mierda. Abrazo... y jaque mate de aquel gran Bobby.

4:36 a.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Andrés, qué recuerdo. Nombrás La cofradía de la flor solar y me remito a la casa, en 13 y 41. ¿Cómo olvidarme? Rondaba por ahí también. Pero que no sean guiños de nostalgia, muy bien. Un dato, que me lo pasaron ayer: Bobby Fischer no sabía qué número calzaba. Cuando vino a la Argentina buscó comprarse unas zapatillas para andar más cómodo y fue todo un calvario: no sabía cuál era su número. Tenía la costumbre de probarse hasta que alguno le quedaba. Preguntó: "¿Aquí en la Argentina lleva número el calzado?". Lo pinta de cuerpo entero. Gracias Andrés.

cinzcéu, espero no convertirme en un especialista de nostalgia. Que no me da tanta pavura como la melancolía, que es algia y anclada en el pasado. De la nostalgia, en fin, uno puede ir y venir. Pero tiene razón estricta Andrés cuando pide que los ideales no se vuelvan guiños. Sí, todo mi respeto también para aquel que puede salirse de los lugares asignados. El abrazo de siempre, cinzcéu.

12:38 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Leí la nota y te felicito por la precisa descripción del genial Boby Fischer. Pocos entendieron el drama de Fischer. Pero la virtud ajedrecística mas grande que tenía era la de romper jugadas, cosa que Spasky admitió dos o tres años después de aquellas partidas en Islandia. Una curiosidad de los que amamos el ajedrez, cuando jugaba con negras mentalmente jugaba con blancas, y cuando jugaba con blancas mentalmente jugaba con negras. Fue superior a Casablanca. Gracias por el hermoso homenaje. Mario Brunelli

12:31 p.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Gracias, Mario. Entiendo que hablás de Capablanca, el cubano. El abrazo y bien por tus datos.

3:29 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

La clave del ajedrez Gabriel es cierto, siempre es imperial. Por eso el notable Bobby puso en las mesas la estrategia de los "peones flotantes". Te felicito.

Nora

10:59 p.m.  
Blogger Gabriel Báñez said...

Nora, Gracias por el dato de los "peones flotantes" que ignoraba. Y gracias también por tu entrada. Un abrazo!

7:14 p.m.  

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