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Cultura

Octubre

EL CURANDERO

PAREDON PAREDON

VIRGEN

LOS CHICOS DESAPARECEN

LES ENFANTS DISPARAISSENT

http://photos1.blogger.com/blogger/2389/2951/1600/LE CIRQUE NE MEURT JAMAIS

HECER EL ODIO

GONDOLAS

HECHO A MANO

EL CIRCO NUNCA MUERE

EL CAPITAN TRES GUERRAS FUE A LA GUERRA

HACER EL ODIO

20 mayo, 2008

Callate y escribí

Un blog, o dos, para recomendar: callate-y-escribi.blogspot.com (Los muertos desentonan)
y laestupideznoesgratuita.blogspot.com (Un centro sin cultura). Son de Julieta. Valen sin penas.

Tren bala


Apoyando
el proyecto
de
unir
Buenos Aires-Rosario.

19 mayo, 2008

Don Satur


Bastó la noticia del arresto domiciliario de Ricardo Barreda para que Pochi entrara en el campito de bochas mediático del país. Todos quisieron arrimar: movileros en la Justicia, en el Servicio Penitenciario Bonaerense, con sus abogados, en la cárcel de Gorina y, fundamentalmente, en Belgrano. El beneficio trocó la historia de horror en sainete amoroso. Hasta los vecinos de la mujer debieron soportar el asedio periodístico: “¿Tienen miedo de tenerlo a Barreda como vecino? ¿Qué piensan de que Barreda venga a vivir al mismo edificio?”. En ese calado se movieron los movileros. Cuando por fin Pochi estuvo a tiro –lo que es una licencia, nada más-, se conocieron otros datos de la enamorada: tiene 71 años, es docente jubilada, soltera, sin hijos, buen pasar económico, nacida el 19 de enero de 1937, y con nombre propio: Berta Carolina André. Para otras precisiones: “Rubia, robusta, más bien gordita. Se caracteriza por su simpatía. Es súper sociable y coqueta. Ella lo conoció cuando fue a acompañar a una amiga que tenía un hijo preso, se lo presentaron y se enamoraron”. Gracias a la persistencia periodística, se pudo saber lo siguiente, además: “La comida que más le gusta a Ricardo es la tortilla de papas, pero ella todos los días va a comprar galletitas ‘Don Satur’. Lo que no sabemos es si serán para llevárselas a él”. La duda de las galletitas no es poca cosa, conviene seguirle la pista.
Para resolver el enigma ‘Don Satur’, debe entenderse que la marca es abreviación del nombre del empresario argentino Don Saturnino, quien fundó una pequeña panadería hace 36 años, pero terminó preso del éxito de sus bizcochitos de grasa, lo que lo obligó a industrializarse y a asumir nuevos compromisos en un mercado cada vez más exigente. La modesta panadería se transformó en ‘Don Satur SRL’, y luego en ‘Dulcypas’. Hoy la condena de Saturnino, extensiva a sus descendientes, está en hacer madalenas, no los originales bizcochitos de grasa, que son los que a él tanto le gustaban.
La pesquisa es crucial y fue confirmada por los dueños del minimercado de la esquina de Vidal al 2300: “La señora Berta viene diariamente a nuestro local y compra siempre los bizcochos de grasa ‘Don Satur’, son infaltables en su mesa”. Aclarado el misterio, y dado que Pochi visita la cárcel de Gorina los días miércoles o jueves cada quince días, es evidente que los bizcochitos nunca fueron para Barreda, sino para consumo personal. Esta circunstancia no invalida, por supuesto, que el detenido odontólogo recibiera algún paquete para el mate en horario de visitas –uno ya abierto acaso, o uno cerrado para compartir, detalle que se ignora- lo que tampoco determina decisivamente un gusto o una preferencia a la hora de la colación. Pueden existir otros.
Pero lo que sí es casi seguro y al periodismo se le ha pasado por alto es que de aquí en más el infausto odontólogo y asesino múltiple va a tener que aficionarse a los bizcochitos ‘Don Satur’, sean de su agrado o no. Y no a los ‘Don Satur’ tan sólo. También muy probablemente deba adaptarse a otros gustos de su curadora, sean en materia gastronómica como de limpieza o normas en el hogar. En el Manual Hogareño del Hombre Sometido figuran algunas imposiciones, todo el mundo las conoce: dónde apoyar el jabón después del baño, cómo doblar la ropa en los cajones, por qué no hacer migas en la cama, cuáles son los pasos a seguir para encontrar la manteca en la heladera, etc. Son factores determinantes en la convivencia diaria. Hay más, cientos.
Bajo estas circunstancias, debe considerarse que de aquí en más Barreda va a tener que convivir en un hogar extraño con una persona con hábitos arraigados en soledad durante décadas y con más de 70 años, desconocida para él en muchos aspectos también. Ex docente, para mayores datos, lo que nos exime de otros comentarios. Nadie cambia a ninguna edad, menos pasados los 70, eso es sabido. A ella le va a ocurrir lo mismo, por supuesto, pero en condiciones de localía, lo que significa que puede entrar y salir las veces que se le ocurran, puede dictaminar qué comer y qué no, puede imponer quién entra y quién no a esa casa, en fin, puede dominar cada movimiento y decisión de ese nuevo hogar a gusto y piacere. Práctica y legalmente confinado, el hombre va a estar sujeto como un cordero a las decisiones últimas de Pochi, a su buena voluntad o no. ¿Un símil? Exagero, por supuesto, pero pienso en “Misery”, puro terror psicológico.
El periodismo movilero no ha pensado en esta congruente posibilidad, pero uno, como buen sojuzgado y sometido que es, tiene la obligación moral de no pasarla por alto. Quién sabe qué. ¿Y si de aquí en más comienza el verdadero suplicio para Barreda? ¿Y si lo que todos imaginan un beneficio no es otra cosa que un calvario, un castigo y una burla de la justicia divina? ¿Quién puede asegurar que bajo la dulce convivencia con la amable Pochi no estén latentes, al fin y al cabo, las mismas iniquidades cotidianas por las que un día tronó el espanto? Nunca se sabe. En la casa de Belgrano no hay parral, es una ventaja. Pero sorpresas te da la vida: el camino del infierno está sembrado de buenas intenciones.

18 mayo, 2008

Nazis en las sombras

La foja periodística de Alfredo Serra (Buenos Aires,1939) dice que fue corresponsal de guerra en Vietnam y El Líbano, premio Pléyade, enviado especial a numerosas partes del mundo y, desde 1960 para acá, autor de numerosas notas reproducidas luego por la prensa internacional. Sin embargo, quienes conocen a Serra saben que antes que nada el tipo es un perro de redacción con el olfato sensible a un tema en particular: los nazis que luego de la Segunda Guerra Mundial encubrieron su identidad y lograron llevar una vida aparentemente normal en otros países, sobre todo en Argentina. ¿Por qué? Acaso porque la inteligencia emocional del periodista guarda una imagen precisa de sus 7 años, cuando cursaba el desaparecido primer grado superior en la escuela O’Higgins del barrio de Núñez: “Un día de invierno llegaron a la escuela muchos chicos de piel muy blanca –cuenta a manera de prólogo en Nazis en las sombras-. Algunos, de pelo colorado. En realidad, el color del pelo era muy difícil de distinguir porque todos estaban rapados. `Por los piojos’, dijo la señorita en tono casual (…) Ellos no hablaban como nosotros, no eran como nosotros. Por eso, cuando llegaba la hora de religión, alguna temida autoridad de la escuela los invitaba a pasar a otro ámbito (el helado patio, casi siempre) con palabras inolvidables: Los judíos, afuera”. Convertida en memoria, la anécdota incitará la vocación reparadora del futuro periodista.
Nazis en las sombras, siete historias secretas (Editorial Atlántida, 2008) reedita algunas de las pesquisas de Serra a lo largo de varias décadas, convertidas posteriormente en reportajes. La primera: Walter Kutschmann, ex SS acusado de fusilar a miles de judíos, quien en nuestro país vivía bajo el apacible nombre de Pedro Ricardo Olmo y trabajaba como jefe de compras en la empresa Osram de Argentina. Por una misteriosa delación que costará 1 peso –y el correspondiente recibo- Serra ubica al criminal en Miramar y logra primicia e identificación. El segundo caso es célebre y el reportaje será editado mundialmente y reproducido en 1972, entre otros medios, por “Paris Match”: Serra logra entrevistar en Bolivia a Klaus “Barbie” Altman, ex capitán de las SS y acusado de ejecutar a veinte mil prisioneros y ciento quince mil deportaciones, además de torturas y del asesinato de Jean Moulin, héroe de la resistencia francesa. La famosa confesión de Altman, aun a varias décadas, conmueve: “Yo soy un nazi convencido. Admiro la disciplina nazi, estoy orgulloso de haber hecho lo que hice. Hitler era un genio”. El tercer caso periodístico es la historia de una frustración, ya que Serra le dedica varios meses al seguimiento del criminal Eduardo Roschmann, apodado el carnicero de Riga, y cuando logra dar con él en Asunción del Paraguay, debe reconocerlo ante la mesa de una morgue: Roschmann había muerto poco antes. El periodista lo identifica por los dedos mutilados de sus pies. Argentino naturalizado, tenía documentos a nombre de Federico Wegener. Un dato es singular de esta historia: el nombre y la casa de Edith Rademacher, en San Isidro, contacto del carnicero en caso de muerte.
El cuarto trabajo periodístico incluye una entrevista al desaparecido Simon Wiesenthal, cazador de nazis. Un párrafo para releer de ese encuentro: los deseos del fundador del Centro de Documentación Judía por encontrar al “criminal número uno”: José Franz Leo Schwammberger, quien vivió muchos años en nuestra ciudad, La Plata, trabajando en una compañía alemana y finalmente fue extraditado a Alemania y condenado. Tres historias más completan el libro: el caso de Domenico Sigismondi, el argentino naturalizado que fue soldado de Mussolini y prisionero de Hitler (este caso aportó fotografías reveladoras de las matanzas nazis, nunca antes expuestas en la prensa mundial) y las historias de León y Janka, así como el casual encuentro de Víctor y Hersz, más una frase final: “cada minuto en un campo de exterminio es un libro”.
La reedición de estos trabajos en formato libro le permite al autor rescatar sus entrevistas, reflexionar acerca de ellas y, en especial, hacer patente sus motivaciones más íntimas. Aunque se desliza un error (la nominación “carnicero de Riga” para Kutschmann, pag.38, siendo que fue Roschmann), el olfato de Serra sigue intacto. En particular al recordarnos al comienzo de estas crónicas un episodio negro de la Argentina cómplice, como fue el pogrom y la masacre de judíos llevados a cabo en los barrios de Once y Villa Crespo durante la Semana Trágica, documentados en “El grito olvidado”, el trabajo de Pablo Fishman. Sobre el antisemitismo en la Argentina no es la única nota, basta recordar las motivaciones políticas que llevaron a tantos criminales nazis a elegir nuestro país como refugio. Un apunte final: el libro de Serra es fruto de la casualidad, surge durante una comida y un encuentro institucional en AMIA. Alguien le recuerda al periodista estos reportajes y le dice: “Eso es un libro”. La sugerencia inicia el rescate. Pero hay, como éste, muchos otros textos que merecen ser rescatados y revisitados. La anécdota de todos modos sirve para remarcar lo obvio: la memoria activa es superadora siempre de cualquier comisión institucional de cultura.

06 mayo, 2008

Ejercicio de Incertidumbre

El viernes a las 21 hs., en el Stand del Instituto Cultural de la Feria del Libro, se presentará Ejercicio de Incertidumbre, libro de textos críticos del narrador y editor Luis Chitarroni. El libro fue editado por La Comuna Ediciones. Hablarán el autor y el director del sello editor.

24 abril, 2008

La casa de los conejos

Laura Alcoba acaba de editar en Edhasa La casa de los conejos, novela que narra con límpida destreza los años de horror vividos por una niña platense en la clandestinidad de una casa donde se editaba un periódico de la resistencia de "Montoneros". Hoy esa casa es patrimonio y memoria de los tiempos de la iniquidad. El bello y doloroso relato ha estado tutelado en español por la entrañable voz de Leopoldo Brizuela, traductor y narrador de inigualable estilo. Leer comentario acá.

21 abril, 2008

El nazismo de pequeño formato

La bella "Chica rumiante" rescató en Fauna Abisal este texto de sus anaqueles y recordó sus 16 con un post sobre Hacer el odio, libro que ahora recupera a su mejor lectora. Gracias, Analía. Leer texto y vínculo final acá.

18 abril, 2008

Humo

Sólo es una cortina oficial.

No hay que ser prejuicioso

Días atrás, gracias al meteorito que aseguran cayó en Entre Ríos, recordé que no debe haber actividad más relajante que la de perseguir extraterrestres. Tengo un conocido que cada 20 días o una vez al mes deja casa y mujer y sale a cazar alienígenas. "Entidades Desconocidas", les dice él. Anduvo por La Pampa fotografiando vacas mutiladas, por Córdoba, la Patagonia y Salta. Hasta fundó una asociación de él solo dedicada a la investigación Ovni. Le puso Research Ufo y algo más para estar a la moda. También la mujer está convencida de su vocación: "Mario no está, fue a Mendoza a levantar información", dice lo más campante, como si el tipo fuera agente inmobiliario, inversor en bienes raíces o agrónomo de campos marginales. Increíble. A la vuelta, él sale siempre con el mismo verso: "Pruebas concretas no traje, pero recabé algunos datos". Nunca nadie pudo saber qué hace con esos datos. Una vez me mostró una foto borrosa de un puntito en el cielo con lo que podía ser tanto un 747, Venus a la salida del sol o el reflejo de su anillo de casado en la lente de la Nikkon. Lo más tranquilizador del caso es que todo el mundo es consciente -él primero que nadie- de que jamás va a tener una miserable prueba de un miserable ET. Pero persiste. Y el asunto funciona a las mil maravillas para el matrimonio: cada 20 o 30 días marido y mujer se dan una tregua. Mientras Marito se ausenta para otear el cielo, ella debe hacer lo propio con algún cielorraso espejado de hotel. Las "Entidades Desconocidas" funcionan por partida doble. Seguro. Pero son felices, o al menos eso aparentan. Esta buena pareja ha encontrado la manera más cósmica de engañarse. Gracias a los extraterrestres sobrellevan una cornudez sensata, sin sobresaltos y manejada con agenda nocturna. Llevaban, mejor dicho, porque en cierta ocasión, más por comedido que por otra cosa, le sugerí a Marito blanquear la parodia, abrir el juego de infidelidades mutuas o bien, por qué no, hacerse swingers: podrían no sólo intercambiar parejas -eso sería lo más irrelevante-, sino evitar la fantochada de los relevamientos de datos, las fotos trucadas y hasta el argumento infantil de los avistamientos nocturnos. Creo que hasta dije que económicamente les convenía, por lo de las escapadas. No me olvido. Se puso pálido. Me llevó a un escritorio y de un fichero sacó cientos de hojas con desgrabaciones de testigos, fotos, planos y frasquitos sellados con lo que parecía óxido y polvo amarillento para analizar. Estaba mortificado. Desplegó revistas y recortes de casos célebres, desde Roswell en Nuevo México hasta los pictogramas en los campos ingleses. Me sentí una basura. Intenté arreglar el desastre pero fue peor. "Era un chiste", alcancé a decir. Él se quedó pensativo, abrumado. Luego comenté algo tan estúpido como infame: "Para Carl Sagan es imposible que estemos solos en el Universo". Me miró con asco y no agregó nada. Después la rematé: "Es simple deducción científica".
Conclusión: Marito abandonó la persecución alien, su mujer no me saludó más y yo, cada tanto, empecé a mirar el cielo con mayor intensidad y benevolencia. A qué negarlo: hay alrededor de 100.000 millones de estrellas en nuestra galaxia y existen miles de billones de galaxias en el Universo. Es ridículo pensar que estamos solos. No hay que ser prejuicioso.

08 abril, 2008

Verne transexual

Cosas del periodismo cultural: cumplidos los homenajes por los 180 años del nacimiento de Julio Verne y luego del fárrago de comentarios, notas críticas y exhumación de su figura, llama la atención la actividad tendenciosamente revisionista de algunos. Durante este aniversario Verne fue de todo. Además de visionario y padre de la ciencia ficción, como lo consideran algunos, el autor de "Veinte mil leguas de viaje submarino", "Cinco semanas en globo" y "Viaje al centro de la Tierra", tuvo tiempo también para convertirse en misógino, masón, homosexual y, ya que estamos, bisexual. Verne no se privó de nada en los recordatorios periodísticos. Casi dos siglos después de su llegada al mundo, los rumores, mitos e ideas preconcebidas recorrieron la leyenda de este grumete francés y amante de las letras. No faltó quien lo tildara de "falso visionario", recordando a los lectores que los italianos habían inventado aparatos submarinos sesenta años antes de que él creara a Nemo y a su Nautilius, como si esto disminuyera la importancia de su obra. Al respecto, no estaría de más recordar lo que el mismo escritor afirmaba de sus creaciones literarias y de sus diferencias con H.G. Wells: "Mientras yo parto de inventos científicos ya concebidos, él (Wells) se apoya en la imaginación. Yo voy a la luna en una bala que dispara un cañón. Aquí no hay invento. Wells en cambio va a Marte en una nave construida con un metal que supera las leyes de la gravedad". Cierto: muchos de los inventos que Verne presenta en sus novelas no fueron creaciones de una imaginación adelantada a su tiempo sino todo lo contrario: la confirmación de los avances científicos de la época. Estaba en pleno auge el positivismo con su revolución industrial y ningún pensador -y el escritor francés menos que nadie- se mantenía al margen de las innovaciones y descubrimientos que constantemente se sucedían. Entre tanta exaltación en pro y en contra de la figura de Verne, tampoco faltó aquél que asegurara que "profetizó el advenimiento de Hitler" en una obra como "Los quinientos millones de la Begún", como si Hitler hubiese sido tan sólo un dictador, uno más de tantos. La apropiación biográfica de Verne ha confundido a algunos. Por su carácter reservado y su renuencia a convertirse en figura pública, sostenía de continuo que el escritor debía hablar por sus libros, no con su boca. Y rechazaba cualquier atisbo de intromisión en su vida privada con malos modos, según cuenta alguno de sus biógrafos. El periodismo de estos tiempos, más preocupado por la imagen que por otra cosa, ha reciclado un Verne en make-up sin embargo: misógino, homosexual, bisexual, masón. ¿Y transexual o metrosexual? No, aún no, probablemente para el 200 aniversario. Sí, en cambio, que tuvo dos amantes; como si tal cosa fuera un desdoro o una proeza. Lo que dictan los tiempos: mejor el encanto de la promo cultural a la colección Robin Hood, donde dormían las buenas historias de Don Verne.

02 abril, 2008

Dobles

Conozco un par de López que rapiñaron Campos, Puentes y hasta Olmos para darle un poco más de lustre al apellido. Lo mismo hicieron algunos Pérez, Martínez, Gómez, Giménez y un montón de Garcías. Es comprensible, si yo fuera Domínguez no habría salido a la vida así nomás, como un Domínguez cualquiera, desnudo y sin linaje. Antes me hhubiera cubierto las partes con un Alcántara, un Montes de Oca o un Domínguez Domínguez, redoblando la apuesta y elevando al cuadrado mi nombre familiar. Pero no, tengo la desgracia de un solo apellido que no pega ni junta con el otro, el de mi madre: Caviccini. Un horror la yunta. No tener lustre o prosapia es un castigo bíblico. Hace meses que estoy intentando alguna martingala etimológica para zafarle a la miseria semántica del Báñez genealógico, pero nada: es un mísero arbolito.
¿Puede haber un apellido más opaco, famélico de alcurnia y despojado de toda pompa, me pregunto? Imposible. Para peor, los idiotas de mis antepasados perdieron la I en algún registro civil de segunda del país basko y jamás la reclamaron. No es mucho, pero podría haber sido una I mayúscula. Con esa letra por delante jamás hubiera padecido los tormentos cacofónicos en mis tiempos de escolaridad simple. "Báñez no te bañez", me cargaban. Lo único que pude hacer frente a la precariedad etimológica que me tocó en suerte fue agregarme un acento. Nada, pura chapucería. Claro que en cuanto se lo enjareté a la á quedé, sino más agudo, sí un poco más grave. Con más carácter quiero decir. De aquellos tiempos escolares recuerdo que un día mi padre me revisó el boletín y protestó porque la maestra me había puesto el acento. "Ella no fue, fui yo -le aclaré-, le dije que iba con acento". Se rascó la cabeza y dijo: "Sí, puede ser, nunca está de más un acento". A él esas cuestiones lo tenían sin cuidado, le daba lo mismo andar por el mundo con tilde o sin tilde, ser agudo, llano o cualquier cosa. "El nombre es lo de menos, algunos nombres terminan agotando a sus portadores", me explicó una tarde, más grave que esdrújulo. No sé. Los dobles apellidos bien encastrados son una belleza sonora. No es lo mismo una secretaria que anuncia por teléfono al señor "Menéndez Pardo" que la que dice "está Menéndez en el teléfono" o "volvió a llamar el denso de Pardo, ya es la tercera vez".
Me puse a pensar en estas cuestiones por el doble apellido que se viene para los recién nacidos, el de madre y padre. Dicen que la iniciativa legislativa es para darle mayor seguridad al niño, para que sea efectivamente inscripto y atenuar con ello las posibilidades de tráfico o trata. Puede ser. Y está bien. Pero la anexión tiene una ventaja adicional, si se piensa bien: el ascenso de las clases bajas al cielo semántico de las altas. Ya era hora, pavada de revancha. Pierden los que rapiñaron primero del árbol genealógico, ahora todos los argentinos vamos a ser Pérez Companc o Menéndez Behety, digamos. O a parecer, que es lo mismo. No es poca cosa, sobre todo si queremos ser primer mundo. También las mujeres van a dejar de ser "de". Aunque se sabe que siempre fue al revés y los "de" fuimos nosotros, es mejor, la cosa se blanquea. Sin prosapia, con una letra perdida y encima mal ensamblado, lo único que me queda es colgarme de otra rama del tronco familiar. La de mi abuela materna podría ser, con linaje en la ciudad condal de Barcelona: Puigdefábregas, todo junto. No queda mal. Los Pérez, Gómez, Ramírez, Giménez, Martínez, García, Domínguez y demás rapiñadores de poca monta van a tener que emplear la imaginación o recurrir a un tercer apellido. Se les vienen tiempos difíciles. Es la hora de los dobles.

01 abril, 2008

Diario de a bordo VI (última)

El Cabo de Hornos tiene la figura de un león dormido, dicen. La leyenda agrega que cuando el mar está encrespado, el león se despierta y agita la melena entre el oleaje. Pero hoy duerme, felizmente. El barco gira despacio y se inclina a estribor. A babor recibe las primeras corrientes del Pacífico, el cambio se siente. En medio de la soledad, la figura del promontorio impacta: desnudo, altivo. Bajo el casco, aseguran los tripulantes, hay un cementerio de embarcaciones. Son las últimas estribaciones de la cordillera de los Andes hundiéndose en el océano. De perfil, se divisa la bandera chilena en lo alto del islote que antecede al león. Un poco más allá, la casita que da refugio a la única familia. Son chilenos, un matrimonio y la hija. Habitan ese desolado peñón tres meses al año únicamente. Igual es demasiado. "El Pacífico no tiena nada de pacífico", dice alguien. Cierto, al suroeste del estrecho de Magallanes se han visto las peores tormentas marinas. Estamos en el fin del mundo, la puerta de entrada a las tierras heladas de la Antártica, como dicen en Chile a la Antártida. El pasaje Drake. Luego del giro de compás, el capitan convoca a la ceremonia de bautismo. Es tradición después del cruce: se le debe arrojar agua helada en la cabeza a pasajeros y tripulantes. Escapo a popa, tengo un oído tapado y pocas ganas de circo. La pregunta que uno no deja de hacerse es cómo han hecho los cientos y cientos de navegantes ingleses y holandeses, en su mayoría, para internarse por estas aguas en las condiciones más precarias de navegabilidad, casi sin instrumentos. Asombra. El viento está relativamente calmo: 28 nudos. Subiendo, después de dejar la estrecha Ushuaia, se llega al canal Beagle. Atravesarlo son varias horas, entre 9 y 12, según las condiciones. Pero las aguas se calman, del sector chileno se suceden varios glaciares -todos con nombres internacionales: "Holanda", "Italia", "Francia", "Alemania", "España"- y se arriba al otro día a la mítica ciudad de Punta Arenas. Hay alguien a quien quiero entrevistar en esta bella y extendida población portuaria, colmada de historia y leyendas sobre el oro nazi. Se llama Nancy y, me aseguraron, conoce la ruta del oro. Pero no la ubico. Un día después atravesamos el estrecho de Magallanes, toda la noche navegando. Hay sectores donde los farallones y promontorios angostan el paso, dificultando la navegación. El nombre es exacto. Luego, al otro día, mar abierto nuevamente y por último los fiordos chilenos: cadenas montañosas y de acantilados que por tramos caen abruptamente en profundidades que van de los 80 a los 180 pies. El agua es oscura, brillante. El barco se desliza lento. Por la inclemencia del tiempo queda pendiente la región antártica, la isla Rey Jorge. Los gomones no llegan. Será para otra vez.
Al otro día, a la tarde y en cubierta, el tripulante antillano me ve anotar y se me acerca, intrigado. Le explico que apunto detalles, para no olvidar. "No photo?", pregunta. "Algunas", digo. Sonríe y se queda pensativo, con la mirada en el agua. Está muy lejos de las Antillas, pienso. Luego me digo que tal vez no, quién sabe. Mucha gente ha hecho de un barco su patria flotante.

Diario de a bordo V

Dejamos las Malvinas para poner proa rumbo al Sur. El capitán dice algo sobre la ubicación y la profundidad: 180 metros, muy poca, lo que sugiere que tanto la Malvina del Este como la del Oeste están asentadas sobre la plataforma continental. Tomo algunas notas, me queda una libra Falkland (FKP), la edición local de la libra británica. La arrojo por la borda. ¿Y si fueran francesas Lies Malouines? Un miembro de la tripulación me descubre el gesto y con señas amables me indica que no arroje nada por el barandal. Pienso en las islas como en una porción del territorio filipino. Son filipinas, ninguna duda. Al rato el capitán anuncia "un mar moderado", pero esta vez agrega: "nada grave". Lo que da que pensar. Reviso el cuaderno de notas y leo: "Gipsy Cove está plagado de minas, los únicos que circulan por el lugar son los pinguinos. Son tan livianos que pueden caminar sobre las minas sin activarlas". Me doy cuenta de que pasé por Malvinas sin visitar los museos, sin leer ninguno de los dos memoriales y sin preguntarle a los pobladores por la territorialidad o sus sentimientos de pertenencia. Mejor. Estando tan lejos de Inglaterra, el sentimiento de inferioridad los hace mostrarse más ingleses que los mismos ingleses.
En mar abierto el barco marcha a una velocidad de 15 nudos. "Brisa fuerte", dice el altavoz. A la noche el mar queda súbitamente planchado y sobre la inmensidad oceánica se divisan decenas de lucesitas quietas. Nadie parece advertirlas. Son un espectáculo aparte. Un tripulante malayo me aclara en un inglés más perturbado que el mío que son japoneses. Pronuncia japoneses con asco. Me explica que son pescadores que se ubican en la línea del límite territorial océanico para depredar. "Japankut", pronuncia con desprecio. Cada tanto y sincronizadamente incursionan en aguas no internacionales para acercarse a los bancos. "Kill ballenas", y se lleva la mano a la boca. El malayo odia a los japoneses. Pero no por asuntos ecológicos. Cuando termina con el gesto en la boca, dice: "eat ballenas, good ballenas, good". Un día después estamos arribando al temible Cabo de Hornos, allí donde se juntan el océano Atlantico, el Pacífico y el mar Antártico. Hay una placa en el barco con un poema mediocre en tierra, pero que en alta mar funciona bastante bien como poema: "I am the albatros that waits for you/ At the bottom of the Earth/ I am the forgotten soul of the dead sailors/ Who crossed Cape Horn/ From all the seas of the world/ but they did not die in the furious waves./ Today they fly in my wings to eternity/ In the last trough of the antartics winds". El Cabo de Hornos fue visto por vez primera el 29 de enero de 1615, en un viaje patrocinado por la compañía Holandesa de las Indias Orientales. El capitán de ese barco llamado "Unity" era William Schouten, y buscaba precisamente un paso hacia el Pacífico. Desde entonces, se ha convertido en lo que los navegantes llaman "La tumba de Hornos". Tiene un historial mítico y "doblar el Cabo de Hornos" es una de las ceremonias más tradicionales de la marinería. Por allí han pasado navegantes célebres: Byron, Wallis, Carteret, Bouganville. La literatura mundial ha hablado demasiado de este cruce en donde lo que prevalece son los vientos del Oeste y las marejadas con olas de hasta 12 y 14 metros. A la media tarde, luego de rozar la Isla de los Estados, lo divisamos.

30 marzo, 2008

Diario de a bordo IV


El glove bar está abierto y ofrece fish y papas fritas a 22 pounds. Un robo. Al lado, cabina telefónica típicamente inglesa de por medio, está el glove market, comercios primos hermanos. Pinguinos, fotos y baratijas a precios exorbitantes. Hoy Las Malvinas viven tanto de la lana de sus 600.000 ovejas como de la pesca, pero la fuente de ingresos que no cesa de crecer, y bien que se advierte, es el turismo. Hay que entender que en las islas viven actualmente 2.379 almas rubicundas, que gozan de uno de los ingresos per cápita más altos del planeta pero que, asimismo, no tienen cómo gastar ese dinero. Y se les nota. No son almas tan rubicundas. Hay que entender también que algunos buques que fondean en Puerto Argentino llevan una población superior a ese número. En temporada alta la capital administrativa desborda de gente. Los rostros de los lugareños ante los turistas son distantes, indiferentes. Pero es una indiferencia falsa. Los necesitan, les molestan. O al revés la frase. Típicamente ingleses, la cordialidad es muy medida, limitada. Los taxistas que ofician de taxistas ante la llegada de algún barco no pueden esconder la molestia, cierto menoscabo. No son taxistas verdaderos. Cobran 100 dólares por un miserable paseo. "No, thanks". Uno de ellos me dice algo que no entiendo pero que finalmente llego a entender: me intuye argentino. "Argie", alcanzo a escuchar. Le sonrío burlón y acelera disgustado, la land rover sale derrapando por nada. Hay, presiento, una invasión sorda sobre las islas que los lugareños no pueden controlar, los desborda. Y eso los perturba. No pueden disimularlo. Son conscientes de que cada vez más dependen de los extraños. Sobre la avenida costanera una doble tracción frena a un par de metros, distracción mía. Me cuesta adaptarme al tránsito al revés. Lo que llama la atención en algunas esquinas son los espejos convexos en los cruces. Son por el alcohol, más que por el tránsito. Sobran los pubs, demasiados para un caserío de 2.379 almas casi apagadas en medio del Atlántico Sur. Imagino historias truculentas, incestos al por mayor y endogamias a trochemoche. En un blog secreto surgido de las mismas islas alguien contaba algo semejante. ¿Cómo palian la australidad? Alcohol, alcohol. Al costado de la catedral más austral del mundo, se erige el monumento con vértebras que recuerda las matanzas y factorías de ballenas. Cerca, un grupo de chicos ingleses posa ante los extraños. Tienen una actitud despectiva, prepotente. Dan un show histriónico ante los forasteros. Una de las chicas se ha orinado en el pantalón y el resto se burla. Gritan ostentosamente. Son las tres de la tarde, están alcoholizados. Los inglesitos bien parecidos quieren llamar la atención. Lo logran: son pinguinos. Entro en la catedral y el párroco me sonríe. Es un hombre cálido, de sonrisa amplia. Me pregunta si voy a rezar y le digo que sí. "Good, good", repite. Hago los gestos y rezo, pero no sé bien qué. Creo que rezo por todos los que quedaron, argentinos e ingleses. Al final me doy cuenta de que rezo a medias, por los míos. De regreso, pasando el grocery market, ondea la bandera inglesa en la casa del gobernador (foto). A una cuadra están construyendo la nueva residencia. Aún no está terminada. Dos cuadras más abajo hay otros locales. En la fachada de uno de ellos, la guerra como souvenir: "Danger mines", dice la chapa. Hablo con el encargado. Es un hombre con cara de idiota. Extrañamente, de golpe me pregunta si soy periodista. Me figuro que acaba de adivinarme por la libretita en la que anoto. Le digo que no. Me pregunta en qué trabajo en Buenos Aires y le respondo que soy empleado del Correo Central. Sonríe. No es tan idiota.
Es un día espléndido y ventoso. Seis grados marca el termómetro. Los malvinenses pasan y pasan con sus cuatro por cuatro, algunos hasta dos y tres veces. Ya les conozco las caras. No van a ninguna parte, hacen como que. La jefa del puerto es una mujer regordeta, rubia. Me recrimina con cordialidad porque no le muestro la identificación del barco al salir. "Sorry", le digo. Un negro gordo desbordado en colesterol y triglicéridos me sonríe al marcharme. Quiere disculpar a su jefa y repite dificultosamente mi apellido en el documento: "Thanks, Mr. Buaulez", dice. La letra eñe es lo que los mata, la que tarde o temprano va a terminar por invadirlos.

28 marzo, 2008

Diario de a bordo III

La mañana es límpida y ventosa y sobre el mar moderado del capitán Haavard Las Malvinas asoman imponentes. Impactan. La visión desde el océano de las islas llega cargada con la historia más reciente y uno no puede dejar de pensar en todos esos muertos, en todos. "Usted no tiene escarapela", pregunta sin signos de interrogación un pasajero con voz aporteñada. "No traje", le digo, como avergonzado por la falta. Luego pienso en lo boludo que somos; él primero, yo después por responderle. El barco hace sonar dos ronquidos cortos y se queda como al garete, casi detenido. Luego silencio absoluto. La maniobra es compleja. Para entrar a la bahia de Puerto Argentino hay que recalar lejos. Sobre babor se divisan los primeros tejados: marrón, amarillo, colorado, verde, fucsia rabioso, blanco. Los techos de las casas a la distancia son un ramillete exótico que se va extendiendo de suroeste a noreste hasta terminar en el cementerio inglés, lápidas y cruces que se despliegan a un costado de los antiguas empacadoras de pescado y aceite de ballena de las factorías de principios de siglo. Los grises de los galpones vuelven a cortarse violentamente con los tejados coloridos de las casitas del puerto. En la bahía el mar está picado. Si bien el nombre en inglés es Falkland, el Malvinas nuestro deriva del francés "Lies Malouine", nombre dado a la locación por los franceses, quienes las colonizaron en 1764, estableciendo primero una colonia penal pero abandonándola luego. "No, no traje escarapela", me digo. Pero si la hubiera llevado creo que tampoco la mostraría. No es falta de orgullo, es pudor por todos los muertos. Por todos.
Desde el barco puede divisarse Mount Logdon y los numerosos cerros que rodean a Port Stanley o Puerto Argentino. Se distingue el que creo es el cerro Las Dos Hermanas. Mount Pleasant está más atrás, en la zona del aeropuerto. A tierra hay que llegar en lanchas. Por momentos el viento es tan fuerte que demora las maniobras de amarre. El lanchón intenta tres o cuatro veces. A la quinta lo logra. En el puerto casi no hay demoras, las entregas de pasaporte fueron previas, en el barco, y el chequeo se hizo un día antes, vía satelital. Las autoridades locales exigen pasaporte. Jode. Un par de argentinos se queda en el barco sin poder descender. Uno de ellos parece compungido, el otro recrimina algo a los gritos. En la distancia es una silueta muda. En el puerto hay un espigón nuevo y a un costado el clásico "Wellcome to Falklands". No lo digiero. Estamos a 840 km. al nordeste de Cabo de Hornos y a 300 millas náuticas de la costa patagónica. Casi con seguridad que el capitán John Davis, en 1592, tuvo la misma visión que nosotros cuando las divisó por primera vez: un remanso montañoso en medio del inclemente Atlántico Sur. El nombre primero de las islas fue Davis, en honor a este marino inglés que las descubrió por casualidad luego de separarse de la expedición de Thomas Cavendish. Cavendish exploraba el estrecho de Magallanes e intentaba elaborar una carta de navegación confiable. Davies se separó de él por una tormenta feroz en Cabo de Hornos. Los vientos y las corrientes lo arrastraron hasta el archipiélago. Cuentan que a poco de desembarcar, dijo: "Land of peace". La historia se encargó de desmentirlo.
Saliendo del puerto y tomando por Philemon St., uno debe ascender tres o cuatro cuadras hasta llegar a la lomada. Desde allí se tiene una visión franca del caserío. La visión colorida y exótica se pierde. Las casas son algunas modestas, descuidadas, muchas a medio pintar o descascaradas. Casas obreras en conjunto. Pero en cada vivienda se estaciona una poderosa cuatro por cuatro inglesa, volante a la derecha, range rover la mayoría. En algunas viviendas el abandono contrasta con los vehículos. Se tiene la sensación de estar en un villorio de Inglaterra, marginal. Hay tránsito. Es domingo, pero la llegada del barco pone en marcha los modestos emprendimientos turísticos de la isla: ver pinguinos zonzos, caminar a lo zonzo también pero en circuito ecoturístico. Otras opciones: mostrar los cuadros vivos de algunas zonas de combate, Mount Logdon en particular. El cementerio Argentino está muy alejado, pero a Monte Longdon, lugar de una de las batallas más feroces, se llega caminando. Yacen cantimploras, alpargatas de pibes argentinos, jirones de ropa, platos, cascos de proyectiles. Es un santuario de la mierda de la guerra a cielo abierto. Me vuelvo.

24 marzo, 2008

Diario de a bordo II

Navegamos a unas 35 millas náuticas de la costa. En esa posición, los sonares del barco marcan unos 364 pies de profundidad. En la plataforma del Mar Argentino hay distintos azules, cambiantes. No los determina la profundidad, sí las corrientes. El capitán informa que hay una brisa "moderada" y que el mar es también "moderado". A los dos días de navegar interpreto que para él todo es moderado. Por los altavoces va dando el parte de navegación, luego lo repiten traducido en español, francés, alemán. Con la gente de tripulación que uno hable es todo lo mismo. Sonríen y hacen gestos cordiales, entre ellos hablan en mil dialectos. La mayoría son de Manila, hay unos diez o doce malayos, casi todos asiáticos, otros negros de un negro impecable de las Antillas. Con uno que hablé me explicó que su trabajo estaba en cubierta, en atar con cabos todo lo de cubierta. "In storm", me aclara. Pero a las ocho de la noche inicia siempre su rutina, como si hubiera tormenta donde no la hay. Luego se apoya en el barandal de estribor y fuma pensativo. Se puede fumar en cubierta únicamente, luego apagar en los ash trash y verificar que no queden brasas. La cordialidad de la tripulación es impostada, pero no incomoda. Entre el capitán que afirma que todo es moderado y ellos que dicen "hello" con sonrisa de mart a toda hora, la convivencia es nula y relajante, casi perfecta. A los tres días dormir es todo un hábito también, los remezones suaves y muelles marcan en la oscuridad el estado del mar. Uno lo adivina. A veces aparecen sonidos nuevos y hay que interpretarlos. En el silencio de la noche el casco cruje de diferentes modos, puede ser con sonidos de gotas de agua cayendo sobre un papel, tac tac tac; puede con arañazos cortos y largos. Hay noches, sin embargo, en que dormirse con el bamboleo del mar es como volver allí donde uno ya estuvo. El mar es muy extraño lejos de la playa, hipnótico. Nunca es el mismo. Puede uno quedarse horas y horas admirándolo embelesado. En el barco, en popa, hay una zona llamada "wet view". Desde allí la estela de la nave va dejando una marca de arado en el agua. Cuando rompe, el azul esmeralda resplandece brillante, luego se acomoda y se torna negro azabache. Me tumbo a fumar cada tarde. Imagino que tengo un narguile y que esa llanura de agua hipnótica es un desierto. A la noche ceno siempre con café descafeinado, una tara que adopté de alguien a bordo. No sé de quién, el café descafeinado es infame. Pero no puedo dejar de tomarlo. Debo ser un poco Zelig. Al quinto día ya digo "hello" a todo el mundo y "good morning". Sonrío en filipino y pienso en antillano. Una travesía, al fin y al cabo, es para dejar de ser lo que se es por unos pocos días. Al quinto llegamos a Malvinas. A la madrugada, prudente y moderadamente, el capitán anuncia que ya se divisan las "Falklands o también llamadas Malvinas". Ningún manto de neblina, ninguna canción de fondo.

19 marzo, 2008

Diario de a bordo

Nota I

"El Río de la Plata tiene muchos riesgos, los bancos de arena se mueven constantemente y donde hoy la carta de navegación marca un banco, al rato ese mismo banco ya se ha desplazado", dice el capitán Haavard con acento típicamente yanqui. Haavard ha navegado casi todos los mares, pero recuerda un incidente con uno de los motores en Alaska, un principio de incendio. "Felizmente, pudimos sofocarlo, fue uno de los más serios que tuve". Al capitán, sin embargo, las aguas mansas del río no lo conforman. "Hay corrientes por debajo, son fuertes, el Río de la Plata es siempre una trampa, muchas zonas difíciles por donde la quilla del barco apenas pasa a metro o metro y medio del lecho". Para confirmar las palabras de Haavard, esa noche nos alcanzan dos trombas a la salida de Montevideo. En las imágenes satelitales que llegan al buque se advierten dos tornados. "God's finger", dice un tripulante filipino, mientras las observa en pantalla. Un compañero lo corrige. Ambos sonríen y hacen burlas a la imagen. Son formaciones envolventes, técnicamente trombas, verticales, parecidas al temido "Dedo de Dios" pero sin su capacidad destructora. A medianoche el buque de casi doscientos metros de eslora se remece con golpes secos sobre la quilla, es como si alguien estuviera martillando rítmicamente. El oleaje a la salida del río es fuerte. Dos horas después, en mar abierto y con proa rumbo a Las Malvinas, las aguas están en calma. En cubierta la tormenta se divisa sobre la popa como un oscuro acantilado. Mirando sobre proa, en cambio, el cielo está límpido y las estrellas llenan el cielo. Hay luna. Uno de los pasajeros, norteamericano, pregunta por estribor y babor. Lleva un mapa en la mano y marca concienzudamente la ruta del barco. En el deck 7 están los botes salvavidas, pertrechados con agua y comida para varios días. Cada uno tiene dos motores y una capacidad para decenas de pasajeros. El norteamericano los mira desde abajo, dibuja siluetas de barcos en su cuaderno de anotaciones. Señala uno. "Mío", dice. Antes de zarpar a cada uno de los pasajeros nos instruyen con un simulacro de emergencia. Siete llamados cortos y un llamado largo significa abandonar la nave y tomar posiciones. El chaleco salvavidas se ajusta con dos correas -una a la cintura, la otra sobre el pecho- y un pasador encintado que toma la entrepierna y sube abrochándose en la espalda. Cada chaleco salvavidas tiene luz y un pito que marca la posición en caso de niebla. Babor siempre es izquierda si uno mira hacia proa. El norteamericano me sonríe y dice "Falklands", indicando que Las Malvinas van a aparecer por babor. Tiene la cara picada por viruela y una expresión de asombro, pero triste. Me lo imagino en medio de un naufragio, haciendo sonar el pito y con la lucesita del salvavidas encendida. Ridículo. "La lucesita es para que los tiburones te identifiquen a la hora de zamparte", pienso. El norteamericano sería una buena carnada. Pero en esta inmensidad oceánica nadie es mucho, nadie es nada. Al día siguiente estamos estamos a 220 millas náuticas de Montevideo, a casi 490 de Puerto Madryn y a unas 380 de Malvinas. El mar es de un azul nítido. Por momentos el viento sopla arrachado y estar en cubierta es toda una proeza. Un alemán lleva binoculares y un gorro de colla que le cubre las orejas. Con los binoculares me hace ver la línea del horizonte. "Tankechen", le farfullo, pero no veo ni medio. Él sonríe y me dice que sí, que ve algo. Me insiste. Vuelvo a mirar y nada. "Sí, sí", le digo, para conformarlo. Queda satisfecho. Saca una petaca y la empina. La guarda. No sé qué cosa dice. Tiene los pómulos enrojecidos y la nariz cincelada como a golpes de escoplo. Parece mareado. En un muy rudimentario inglés le digo que para no marearse mire la línea del horizonte. Línea del horizonte se lo digo con el dedo, señalando. Se sonríe. Tiene whisky, no mareo.

01 marzo, 2008

Línea de flotación

Me tomo unos días. Voy a andar por cubierta, anotando quizá desde un ojo de buey. Si puedo voy a ver de subir algunas impresiones. No un diario de abordo, suena grandilocuente. Apuntes quizá, unas pocas puntadas. Probablemente desde Malvinas. O desde más abajo, siguiendo la línea de flotación de la escritura, la única tierra firme. Abrazo a todos.

21 febrero, 2008

Puede ser paella o Frida Kahlo

A propósito de Mestizajes, de François Laplantine y Alexis Nouss (Fondo de Cultura Económica)

Hay una moda en el mestizaje -dicen los autores-, pero esta moda, como toda arbitrariedad surgida de un consenso en una época dada, está mal entendida. Se confunde el concepto mestizo con términos que nada tienen que ver: mezcla, hibridez, sincretismo e incluso multiculturalismo. ¿Qué es el mestizaje? En palabras de François Laplantine y Alexis Nouss el mestizaje, lejos de ser fusión y asimilación, es una tercera vía entre lo homogéneo y lo heterogéneo. Más expresamente, señalan que es una categoría de pensamiento que surge de la "experiencia de la desapropiación, de la incertidumbre surgida de encuentros involuntarios e inesperados". Como prueba de esa experiencia, elaboraron un diccionario "mestizo", compuesto por palabras y términos que nada tienen que ver entre sí, ordenado sin plan ni programa, porque hay "infinitos modos de mestizaje". Palabras como Frida Kahlo, paella, afuera, Derrida, Borges, tango, murciélago, macedonia, hip hop, elementos, zombi, oblicuo o Fernando Pessoa conviven progresivamente en un universo semántico que se repliega y se expande hacia otras resignificaciones. El alud de términos que han hallado estos dos antropólogos y lingüistas francófonos es producto de un relevamiento de campo donde intervienen tanto la etimología y las preferencias doctrinarias como el azar y la creatividad. El resultado es caótico, extraño, con hallazgos sin duda valiosos aunque redundantes en un universo donde, muy probablemente, todo tenga un carácter mestizo. La dificultad está en asumirlo. "Si al mestizaje le cuesta tanto ser pensado -o, para decirlo de otro modo, si cuesta tanto ver un pensamiento en el mestizaje-, es porque se opone a la tradición de Occidente que le otorga más legimitimidad al adentro que al afuera, a la interioridad que a la exterioridad". En la historia del pensamiento occidental, afirman, se ha ido construyendo, de Platón hasta acá, el mito de la interioridad, partiendo de la conciencia lúcida hasta los procesos más tardíos de separación y duplicidad. El Diccionario son cerca de 800 apretadas páginas con acepciones que, luego de rescatadas y pasadas por la criba de la antropología cultural, brillan con nueva intensidad. De Frida Kahlo, por ejemplo, dice así: "Apodada en México Frida la renga. Una pierna y un pie deformados por la poliomelitis que se le declaró a los seis años (...)". Inusual, provocativo, la conformación rizomática de este libro reconoce no obstante alguna declaración de principios: "En el mundo globalizado de los albores del siglo XXI, el mestizaje constituye una forma de resistencia contra la opresión de la uniformización, pero también contra la intensificación de los particularismos. Es la alternativa humanista al multiculturalismo y a la asimilación". Una última acepción, tomada al azar, de la frase puede ser: "Puede ser que vaya, puede ser que haya estado, puede ser que esté. Rasgos imprecisos de una marca de un poco de ser. El puede ser es una puerta abierta, es el umbral de todos los mestizajes". De paella consignan la receta completa, con mejillones, conejo, pollo, pimientos, etc.

13 febrero, 2008

Polizón global


El 10 de julio de 2006, las autoridades de Prefectura del Puerto La Plata descubrían a un joven polizón semi inconsciente escondido en el compartimento de hélice del buque petrolero con bandera griega "Kastelorizo". El muchacho, Marcos Abraham de la Rosa, tenía entonces 20 años y pocos signos de vida. Había protagonizado una odisea y una tragedia: 17 dias sin comer ni beber, aterido por el oleaje, en ese compartimento que días atrás tenía a otro polizón de huésped. "Toviejo", así se apodaba el amigo de Marcos, no alcanzó a sobrevivir a las inclemencias de la travesía. Ambos habían abordado el "Kastelorizo" en el puerto de San Pedro de Macorís, Santo Domingo, República Dominicana, durante la noche del 24 de junio, escapándole a la miseria y buscando "llegar a América", según propias palabras. Encontraron América, pero la del Sur, la de más abajo. La historia de Marcos es curiosa: cuando días después de rescatado y hospitalizado la cancillería argentina toma contacto con sus familiares en República Dominicana, la madre y el padre de Marcos -María Magdalena del Carmen y Bienvenido Santos- confirman que "Marcos es un polizón sin remedio". Ya había intentado escapar en siete ocasiones. Una vez había llegado a un puerto de la Europa Oriental, más tarde a Venezuela, en otra oportunidad lo arrojaron al mar desde un barco ruso. Su pasión desenfrenada estaba en los mapas. "Se pasa la vida marcando mapas y señalando adónde va a viajar la próxima vez, una obsesión", confirmó su padre vía telefónica. Tuve oportunidad de conversar con Marcos en el hospital Cestino, de Ensenada, donde fue internado apenas llegó. Aún no había salido del shock. Pocas palabras, tenía todavía las marcas del viaje en la postura de las piernas y el dolor en los brazos. Estaba sereno, casi animoso de conocer Argentina, aunque "conocer" es palabra tendenciosa. Dos días después publicaba la crónica por entregas en el diario "El Día" casi bajo este mismo título, "Polizón". El caso Marcos Abraham tuvo cobertura periodística nacional, mucha repercusión y derivaciones impensadas. Amnesty Internacional se ocupó de él para evitar que lo deportaran, ya que el deseo del joven era quedarse entre nosotros. También su familia apoyaba en República Dominicana su decisión. Aquí, en medio de idas y vueltas burocráticas, lo tomó en guarda temporal un matrimonio de La Plata; ella dominicana, él argentino. Dos o tres semanas después, Marcos se presentaba en la redacción de "El Día" bajo una fuerte presión emocional, desvariaba, y fue internado en el Neuropsiquiátrico Alejandro Korn de Melchor Romero. El 20 de octubre de 2006, el pedido de refugio solicitado por Marcos Abraham, fue finalmente denegado por el Comité de Elegibilidad para Refugiados (CEPARE), al considerar el organismo que no se encontraban alcanzados los extremos aducidos por el menor para permanecer en nuestro país. Del hospital intentó fugarse, creo, dos veces. Meses después, por desidia, perdí todo rastro de él. ¿Volvió a Dominicana o sigue en nuestro país, marcando mapas y fijando destinos al azar? Cada tanto, no sé por qué, recuerdo al Marcos polizón y me pregunto por dónde andará, en mi caso es fijación periodística. Algunos pueden llegar a tranquilizar su expectativa ingenua afirmando que el caso Marcos Abraham fue un "caso clínico". Yo creo que el suyo representa la paradoja de la miseria global: 17 días de horror en alta mar para escapar de su casa, distante pocas cuadras del paradisíaco mundo "all inclusive" de los resort de la Dominicana turística. Subo al blog la nota completa, tal como fue editada en la sucesivas entregas de julio de 2006 en el diario. Tampoco sé por qué lo hago ahora. O sí: cuestión egoísta, de rescate individual.


En las entrañas de la ballena (nota 1)

"Nos escabullimos de noche, bien entrada la noche, en el barco no había guardia costera. Con mi amigo habíamos estado soñando de viajar a Estados Unidos, era un sueño. Lo teníamos desde mucho tiempo, desde más chico. En Dominicana nos estábamos muriendo de hambre, puro frijoles y arroz, frijoles negros. Muy rara vez carne de buey, caldo no siempre, de tanto en tanto. Pero yo tenía un sueño, el primero que tenía era de ser pitcher, me gustaba el béisbol, en Dominicana gusta mucho el béisbol, y el básquet, y mucho los maratones, hay muchos maratonistas, pero mi sueño de pitcher se dejó, se dejó caer solo por el hambre y la miseria. Tuve que trabajar, en lo que fuera trabajé, más en la construcción, en las obras de hoteles. ¿Pero qué? No, Punta Cana no conozco, es de ricos. Yo vivía en Dominicana en un pueblo que se llama San Pedro, con mi abuela vivía. Vivo. Mi abuela se llama María Bernarda. En mi familia hay muchos problemas, problemas de separación, esas cosas. Yo nací el 20 de marzo de 1986, y mi mamá se llama María Magdalena y mi papá Bienvenido Santos, diez hermanos somos, el mayor tiene 24, yo tengo 20, y tengo ese sueño todavía, no de ser pitcher, pero sí de llegar a América". Seguir leyendo acá

10 febrero, 2008

En los árboles no crecen gansos



A propósito de El escritor, las mujeres y el partido, Ma Jian (Emecé, 2007)


El día que Ma Jian (Qingdao, 1953) abandonó definitivamente Pekín, lo hizo convencido de que jamás volvería a esa ciudad: dejaba atrás un matrimonio conflictivo con su primera mujer -no sólo cuestiones emocionales lo separaban de ella, también ideológicas- y el comisario cultural de su barrio terminaba de comunicarle que sus libros eran "tan indeseables como él". No hacía falta esperar más: toda la vida sería un chino excomulgado. Lo sabía. El partido sumado a las intransigencias afectivas de su matrimonio terminaron por expulsarlo definitivamente. La impotencia y bronca de Ma Jian reincidieron en la letra, sin panfleto. Una sola promesa se hizo entonces antes de marcharse: continuar el vínculo temático con la China continental en que había nacido, recordar una a una sus restricciones, devolver polémica y afectivamente cada una de las frustraciones. ¿La escritura como recurso vindicativo?. Seguir leyendo acá.

02 febrero, 2008

Coto de caza

Cuenta Vonnegut en su Desayuno de campeones que "Kilgore Trout escribió un cuerto corto que era un diálogo entre dos pedazos de levadura. Discutían el posible sentido de una vida que se limita a comer azúcar y a ahogarse en su propio excremento. Debido a su limitada inteligencia nunca llegaron a darse cuenta de que lo que estaban haciendo era champagne". Lo mismo le pasó al Pájaro Idiota cuando tuvo que adaptarse al coto de caza de la culturita nacional: "¿Picoteo cinismo o picoteo emoción?", se preguntó. Los gendarmes del coto de caza no le perdonaron que devorase la segunda. "Eso no es inteligente, usted ha crecido en una época en que la ironía es nuestro alimento balanceado", le dijeron. "Pero yo soy un pájaro idiota", repuso el Pájaro idiota. Le dispararon a la cabeza. Luego juntaron el cuerpo, las plumas una a una y con el excremento pintaron el cartel de entrada al coto: "Conduzca con prudencia, beba champagne".

25 enero, 2008

La ecuación de la droga


"¡Cuidado con la vida! Yo la contraje. Estoy enfermo de vida". Recordé esta expresión de Vonnegut y también recordé, como en extensión de rizoma, algo que escribió William Burroughs: "Emitir no puede ser nunca mas que un medio para emitir más, como la Droga. Trate usted de utilizar la droga como medio para otra cosa (...) Al emisor no le gusta la charla. El emisor no es un ser humano (...) Es el Virus Humano". Seguir leyendo acá.

23 enero, 2008

Santo remedio


Neopopulismo viene en envase grande. Tiene propiedades antioxidantes de izquierda pero su fórmula renovada permite tanto el antisemitismo de última generación como el discurso fascista teñido de revolucionario. No hay contradicciones ni contraindicaciones. Pueden tomarlo quienes adhieren a regímenes fundamentalistas religiosos de ultraderecha, como el teocrático de Irán, como aquellos que apoyan el narcoterrorismo extorsivo. Consumido en dosis mediáticas, aumenta el ego y equilibra la retórica, controlando sensiblemente los estándares de corrección política. Dialécticamente inocuo, el producto se ha lanzado al mercado recubierto en carismático color rojo y es de muy grato sabor. La toma diaria de Neopopulismo muy ocasionalmente puede llegar a generar clientelismo, lo que se ha verificado en terapias de administración prolongada, pero por su amplio espectro paternalista está especialmente indicado para militares golpistas, pues reprime y mantiene encubiertos los síntomas de cualquier malestar popular. Sus componentes folclóricos del culto a la personalidad lo hacen muy fácil de digerir. Neopopulismo viene en envase solidario bajo licencia aprobada, pudiendo canjearse publicitariamente. Es de venta libre y gracias a su acción y efecto controlados posterga toda fecha de vencimiento. No es necesario el referéndum antes de su ingesta. Dejar lejos del alcance de los niños.

Posología: una dosis diaria entre discurso o canción, dejar disolver en la boca.

19 enero, 2008

Bobby Fischer no tomaba Coca-Cola


Murió en Islandia, whem I'm sixty four, rodeado de años de oscuridad y prejuicio. Para él fueron sin embargo años luminosos: se quedó en la tierra que más amaba, la de la naturaleza abierta, salvaje en buena medida. Bobby Fischer fue un caso extraño. La CIA y el FBI emplearon sus archivos para recordarle sus raíces alemanas por parte de padre, Gherard Fischer, un físico que en 1945 se refugió en Estados Unidos y que muy pronto abandonó a su familia. Seguir leyendo acá.

18 enero, 2008

El lugar de las Madres en La Plata

Mi querida Adelina de Alayes, integrante de Madres de Plaza de Mayo La Plata, finalmente recibió las llaves simbólicas del despacho que ocupará como titular de Derechos Humanos de la Municipalidad de La Plata. El acto fue el pasado miércoles 16 en el primer piso del Pasaje Dardo Rocha, donde las Madres ya tienen su sede. El intendente Pablo Bruera le había ofrecido el cargo apenas comenzó a definir su gabinete, pero Adelina lo rechazó a partir de la decisión de "no ser funcionaria en ningún estamento público". Luego de muchas insistencias, lo aceptó a condición de trabajar "ad honorem". Las Madres ya tienen su lugar físico en el corazón de la ciudad, el corazón de la ciudad ya lo tenían. Más amor, el abrazo más largo y apretado aún, querida amiga.

09 enero, 2008

Alta costura





Las últimas entregas me salieron defectuosas. No sé si porque tengo los moldes cruzados, porque las telas vienen falladas o porque las puntadas se me escapan. El saco de la derecha fue un error interpretativo. Me lo pidieron cruzado y terminó bipolar. Con los mellizos Saccomano cometí un exceso. Pensé que me pedían un ambo y me dejé llevar por la expresión. No es mi culpa. Cuando lo vinieron a retirar tuve que efectuar algunos retoques y volver a probar.

05 enero, 2008

Una cola de Donoso

A propósito de Lagartija sin cola, de José Donoso (Alfaguara)

Cuando la lagartija se siente acorralada y en peligro de muerte, se desprende de su cola. Ésta queda saltando y moviéndose sola durante varios segundos, por lo que el depredador se lanza sobre ella y la lagartija logra escapar. En pocos días tendrá nueva cola y nuevo señuelo para enfrentar los peligros. Seguir leyendo acá.

29 diciembre, 2007

Pregúntale al polvo

Arturo Bandini no envió nunca esta carta. Samuel Wiggins estaba entonces a punto de morir en San Juan, California, y eso lo detuvo. Se apoyó en el buzón, lloró por Sammy y regresó a su cuarto. No era justo. Luego, más sereno, Arturo escribió una crítica elogiosa, desmesurada, y se la envió. Mentira piadosa. ¿Hizo mal o hizo bien? Conociéndolo como lo conozco, creo que es hora de que Sammy reciba esta primera versión. Por decoro, tampoco es justo que la ignore.

Estimado Sammy:

La putilla que tu y yo conocemos ha estado aquí esta noche; ya sabes, la hispana de cuerpo escultórico y seso de mosquito. Me enseñó unos cuentos que, según me dijo, habías escrito. Me dijo también que estabas a punto de irte al otro barrio. En circunstancias normales, la situación ya sería horrible de por sí. Pero después de leer la mierda que has escrito, permíteme decir, en nombre del mundo en general, que si desapareces de este valle de lágrimas será una suerte para todos. No sabes escribir, Sammy. Te sugiero que dediques las últimas energías que te quedan a poner en orden tu espíritu de mongólico antes de que abandones un mundo que respirará de alivio cuando desaparezcas. Me gustaría poder decirte con sinceridad que no quiero que te mueras. También desearía que, al igual que yo, pasaras a la posteridad con algún monumento que recordara el tiempo que pasaste en la tierra. Pero como salta a la vista que ello es imposible, quisiera ayudarte a pasar los pocos días que te quedan sin amargura ni resentimiento. La vida ha sido muy cruel contigo. Al igual que el resto de los mortales, supongo que también tu estarás contento de que todo vaya a acabarse dentro de poco y que los garabatos con que has engorrinado la blancura inmaculada del papel no tengan nunca la oportunidad de analizarse desde un punto de vista más intolerante. Cuando te insto a que quemes toda la basura que has cometido y a que en lo sucesivo te mantengas al margen de todo sacrilegio literario, lo hago en nombre de todas las personas sensibles y civilizadas. Si tienes máquina de escribir, mi dictamen sigue siendo el mismo; porque mecanografiar tus manuscritos sería una desgracia para la humanidad. No obstante, si persiste tu delictivo deseo de escribir, te ruego me envíes las cagarrutas que te dicte la inspiración. Ya sé que no lo haces adrede, pero me río mucho leyéndote. Algo es algo.

19 diciembre, 2007

Los chicos que se me aparecieron

Lo primero que sentí al ver la versión fílmica de Los chicos desaparecen fue rareza. Luego, extrañamiento. Aquellas imágenes surgidas de la imposición íntima del acto de escritura ya no estaban. Se habían ido. En su lugar habían aparecido otras. Diferentes, ajenas de una ajenidad sin embargo conocida. ¿Quién era ese personaje que se desplazaba en silla de ruedas intentando bajar tiempos desde una rampa con un cronómetro al cuello? Seguir leyendo acá.

17 diciembre, 2007

Los chicos desaparecen por dentro

Fotos, sinopsis y ficha técnica de la película de Marcos Rodríguez, ver acá

03 diciembre, 2007

Avant première "Los chicos desaparecen"


30 noviembre, 2007

For sale


En el backstage de un unitario y en dos o tres spots alertaban acerca del grooming en la web. "Empieza por el chat -decía una voz en off-, prosigue más allá de la web y hasta puede tener un final hard que nadie desea". El aviso aludía a la pedofilia. Las tandas que vinieron a continuación anunciaban strappless, soin complets contra las estrías, models must, chistes freaks para bubbles gums, gym, designs basic y casual para el verano, light food, set de compras y, ya en horario after office, development para inversores en countries. Luego los comerciales amontonaban paseos de compras con vidrieras for sale y personal trainers femeninas que transpiraban la skin care más vitamínica del mundo en super lofts. "For investors", repetía el anuncio que se movía al pie de la pantalla. Si uno abre un diario el panorama no varía: underwear, managment, step by step en calzados, lounge, living colors, make ups, deco news. Ya nadie va de compras sino de shopping y nadie anda en bici sino en bike. Seguir leyendo acá.